jueves, 11 de noviembre de 2010

Por las calles de la desolación


Miércoles por la noche. Aturdido, caminaba por las calles del dolor. Si, si. Esas calles donde solo ves tristeza, desesperación, intranquilidad y desolación total. Y no es que fuese día domingo, solo fue, que me tope con ella.

Muchas noches son agradables. Conoces gente, reís, sociabilizas, intercambias opiónes constructiva con otros y te llevas un lindo recuerdo al sueño. Pero todo esa gracia puede culminar en un instante, cuando chocas con los ojos de la envidia. Ese ente cruel, que disfruta y se regocija con la tristeza o pesar ajeno. Y para llegar mas lejos, desear algo ajeno, algo propio de otra persona ( o que comparte, en este caso, otra persona). Tóxica, con un alto contenido de falta ética. Cruel por dentro y por fuera, disfrazada con piel de cordero por fuera, escondiendo el lobo insaciable por dentro. Así es la envidia, y su gente. Seres capaces de destruirte con solo una mirada. De hacerte sentir mísero esclavo de tus actos, de tus deseos mas íntimos. Y así fue que todo ocurrió en un micro segundo, sobre aquella esquina en Rivadavia y San Martín…

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