Sábado por la noche, y no paraba de entrar gente al boliche. Los autos se estacionaban uno tras otro, formando fila india por toda la calle. Los "Trapitos" acomodando, para que no se causase ningún revuelo. 206 rojos, palios grises abrían sus puertas, para que saliesen las 3 o 4 personas que el mismo llevaba. Y el boliche, como todos los sábados, en su esplendor. Las luces chocando contra las bolas de disco, creando un festín visual, enardecían la pista que de a poco se iba atestando de gente. Y Vanesa, pidiendo un trago sobre la barra.
- Dame un speed con vodka. ¿ Cuanto es la diferencia con la entrada?.
Sobre las tres de la mañana, Vanesa no paraba de tomar. Después de unos dos speed con vodka, y una cerveza de litro, decidió ir por algo mas. En el ínterin de donde estaba ubicada, hacia la barra, se topa con Celeste que la detiene posicionándose delante de ella.
-Hola linda.
En ese mismo instante, Vanesa y Celeste fueron presas de sus actos mas incocientes. La noche incitaba al descontrol, al juego de la seducción. Embriagadas de deseo, Vanesa acató las ordenes de Celeste.
- Veni. Seguime.
Entre risas, música y luces; caminaron por todo el centro del boliche, hasta llegar al baño que desembocaba al lado de la puerta de entrada. Sobre la izquierda el de hombres, sobre la derecha el de mujeres. Pero como la canción de Garbage, lo excitante era invertir las reglas. Y ellas no dudaron ni un segundo.
De manera rápida, Celeste tira de Vanesa, pegándola al primer cúbicolo del baño de hombres, colocando rápidamente el cerrojo. Agarrándola fuerte, comenzó a besarla apasionadamente. Empezó por su cuello, bajando por su pecho hasta culminar en sus senos. Celeste no se detuvo ni un segundo. Sabía donde iba, sabía que hacer. Mientras que Vanesa era presa del placer, un placer desmedido, descontrolado. Excitaba por la idea, no podía obviar el peligro de su acto. El acto que iba a desembocar a lo inevitable. Al momento en que Celeste, desprende el boton de su jean para bajar su cremallera; Vanesa vuelve en sí. Si bien quería que sucediese lo que estaba por ocurrir, no era su estilo. O por lo menos, esa noche no lo era.
- Ey, nos estamos zarpando...
Empujándola, Vanesa abre la puerta del baño. De manera atónita, un grupo de chicos ebrios la miraban sin entender la situación. Y ella, de alguna manera, satisfecha por lo ocurrido.