En ese momento, llega la noche que incita a salir, a despejarse y rogar que borre las heridas. Te vestís, te arreglas, para sentirte mejor. Tratas de poner tu mejor cara, y entras al boliche. Aunque nos mintamos, sabemos bien que buscamos atención, una mirada que nos haga sentir bien. Pero no va aparecer, por que a los lugares que recurris, son los lugares en lo que solo encontras mas vacio, malestar encubierto de risas forzadas por ególatras que viven sumidos en un bienestar falso. Vos, tomas y tomas, tratando de sumergirte en una realidad paralela. Y así, terminas en una tentación que te lleve a tapar las heridas de una vez por todas.
Al otro día, te levantas. Recordas, parte de una noche que para vos fue exitosa. No regresaste solo.Pero ¿Quien es? Y la respuesta que obtenes, es nadie. Y comienza la semana nuevamente.