miércoles, 26 de mayo de 2010

El frio de un Adiós


Eran las Dos de la Mañana. Me encontraba ahí, de pie, junto a esa parada de micro que nunca llegó. El frío iba consumiendo de a poco mi piel, mi mente y mi corazón. No me dejaba pensar, y exprimía cada vez mas el dolor que llevaba dentro. Para calentarme y despejarme del recuerdo, decidí empezar a caminar por esa calle poco iluminada, con una gran cantidad de arboles que acechaban con el frió viento de invierno. Camine intensamente sin rumbo. La música aturdía mis oídos, pero me hacia olvidar las cicatrices de amor que quemaban como el ácido. Mis pasos marcados, mi mente perdida. De repente, sin darme cuenta, me encontré en una plaza poco iluminada, y ampliamente vacia. Me senté en unos de los bancos a pensar, a preguntarme muchos por qué, y pocas respuestas. Mucho amor dado, poco recibido. Me contuve todo lo que pude por no llorar. Hacia meses, mas que meses, años que no lo hacia. Pero me fue imposible: Una lágrima salada tocó mis labios recordándome que el dolor persistía y que no iba a dar tregua hasta que lo liberara.
Llore todo lo que pude, saque todo el dolor que contenía por aquel desamor. Sabia que no me lo merecía, y me jure que después de estas lágrimas nunca mas lloraría de nuevo por aquel amor que nunca estaría hecho para mi. En ese mismo instante un hermoso muchacho, moreno y de ojos azules se sentó a mi lado:

-¿Estas bien? Estaba sentado con mi perro desde el otro lado de la plaza, y te vi llorando...
-Hola. No me gusta llorar, pero hacia bastante que no lo hacia. Me contuve, pero salieron solas.
-Te entiendo. Pero es bueno llorar, desahogarse, te hace extirpar de raíz toda herida...Me llamo Bruno, se que no me conoces, pero...si queres, te invito a tomar un café y me contas que te pasa. ¿Te parece?

Sacó de su bolsillo un pañuelo, y me seco las lágrimas. Con una sonrisa radiante pensé "Cuando lo dejas de buscar, es ¿cuando realmente aparece?. Luego en voz alta dije:

-Me parece. Gracias. Y caminamos hacia la luz...